Cuando de verdad me pongo la camiseta

Cada vez que me pongo la camiseta siento un hormigueo por todo el cuerpo. Una sensación inexplicable, como si al tocar tu piel te impregnara felicidad, amor…ALIANZA. De pequeño le preguntaba a mamá que significaba esa sensación y me decía “porque son tus colores, es tu equipo”. Hoy después de 25 años de aquella infancia marcada por miles de anécdotas tribuneras y partidos por radio, volví a sentirme un niño al elegir la azul y blanca que usaría para el partido contra Melgar.

17098610_10158345956350343_8891264406573599190_nAl salir de casa pensaba en mi familia y, especialmente, en mi hija quién horas antes encontró mi camiseta del 87 y besó el escudo tan cariñosamente que volví a sentir ese místico hormigueo que solo a los que amamos el fútbol nos ocurre. Ya en camino, mi mente vagaba por las calles del centro, imaginando un partido abierto y un Dominó tirado atrás.

Grueso error. Los mistianos llegaron a Matute a matar la fiesta y a llevarse los puntos para cerrar en Arequipa una clasificación que puede resultar merecida por lo que vienen demostrando en el año; sin embargo, al frente estaba ALIANZA, sí, el equipo que es capaz de generar un desborde popular en todo el país.

Con la impaciencia de los E-Tickets en la puerta, entré al estadio con mi compañero de mil partidos. Matute lucía espectacular, como en aquellos tiempos donde los globos y papelitos eran lo infaltable de los domingos. Una fiesta calurosa junto al implacable sol limeño. Pero nadie pensó que nos iban a pintar la cara, nadie.

¡Acá estamos, no nos vamos!

La blanquiazul tuvo un primer tiempo para el olvido, e iniciamos el segundo de mal en peor. El marcador 0-3 evidenciaba un fastidio en la hinchada, sin embargo, nada nos cayó. Se cambió la canción  con el “aunque vayas perdiendo sigo alentando” y la gente se metió de nuevo en el partido.

Gracias al empuje de todos llegó el descuento a través de Affonso, quién fusiló el arco sin piedad ante la paupérrima mirada de Penny, convirtiéndolo en una estaca. Ni terminábamos de festejar cuando llegó el 2-3. Imposible no quebrarse por el ambiente, por el marcador y por la entrega. Jugábamos como teníamos que hacerlo desde el minuto 1, con pases precisos y centros buscando la cabeza del 9, quién renovó su vínculo por un año más.

Con la hinchada jugando el partido y metiendo hasta el final, se logró lo que tanto buscamos. En 9 minutos Alianza se puso a jugar en serio y consiguió el empate. Matute explotó, y mis recuerdos de niño también: con aquellas tardes felices viendo ganar o perder a mi equipo. Fútbol en la pista, fintas, guachas y goles. Estadio, SVR, sentimiento popular, y me quebré así como tú. La locura me desbordó, volví a sentir esa sublime sensación que te recorre todo el cuerpo y te permite tocar el cielo con las manos. Volví a sentir que estamos vivos, que a Arequipa vamos a ir a ganar porque JUNTOS, TODO ES POSIBLE.

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Siempre voy a estar a tu lado

Faltan unas horas para la semifinal y apenas puedo conciliar el sueño. Se me vienen recuerdos, campeonatos, partidos ganados a última hora y derrotas. Lo menos que deseo es asimilar lo último, porque desde el año pasado me acostumbré a ganar, a festejar con un esquema que no cambia nada, ni siquiera el sufrimiento como manda la historia de Alianza.

Se me viene a la mente ese viaje a Arequipa donde fui por amor y nos trajimos el pase a la final del Clausura hace unos años. Pasa por mi cabeza aquel título 2003-2004 en un Nacional hecho un carnaval.

Son muchos recuerdos amigos, sería imposible contarles todos. Pero sí estoy en la obligación de transmitirles esto: “siempre por amor al club, siempre”. Digo esto porque hoy nos jugamos el partido que tanto hemos esperado. El primer escalón hacia la final, hacia el bicampeonato.

Los jugadores saben cuál es su responsabilidad dentro de la cancha, no son máquinas, pero sí humanos con un corazón enorme que se va a inflar cada segundo si nosotros le ponemos ganas en la tribuna. Si nosotros dejamos todo en el cemento, si nosotros nos quedamos sin voz…el resultado va a llegar de todas maneras. No lo duden, solo dejémoslo todo.

No soy nostradamus amigo, no lo soy. Pero soy un convencido de que una caldera mata a cualquier visitante, que MATUTE mata de ansiedad al rival si nos unimos, si nos dejamos de grabar con el celular y nos metemos en el partido junto a nuestros 11 guerreros.

Hoy no es un día cualquiera, y a pesar que no es una crónica, sino una petición, ALIANZA te prometo que siempre voy a estar a tu lado, pase lo que pase.

Memorias íntimas parte I

Una de las personas que influyó significativamente en mi pasión por Alianza Lima fue y es mi papá. Recuerdo levantarme un sábado más temprano de lo normal y correr al cuarto de mi viejo para preguntarle si había conseguido las entradas para el clásico.

Bromeó como siempre. “Solo conseguí dos, una para mí y otra para tu tío”. Jocoso y cachaciento me dio los boletos y la broma era una confirmación que mi corazón esperaba sentir. Eran tres entradas para sur, mi tribuna, mi lugar preferido en este planeta.

Llegamos faltando 2 horas para el partido y la cola era interminable. La fila avanzaba con normalidad hasta que en la iglesia colindante con la popular sur del Nacional nos topamos con una boda. No faltaron los faltosos que gritaban a carcajadas “cachudo”, “tu mujer fue mía”. Estas bromas explotaban sonrisas cómplices en la gente. Me sentía parte del vacilón.

Ya en la puerta siempre ese miedo de que te puedes quedar fuera por miles de motivos. Entrada falsa, venció tu DNI. Un terror que aún persiste en mi subconsciente. Al final, como siempre, entré a sur con mi viejo y mi tío.

Recuerdo que teníamos esa cábala que hasta estos días compartimos. Cada vez que juega Alianza tenemos que estar alineados con los colores. Si él usa trusa azul yo blanca y viceversa. Creo que ese día funcionó mejor que nunca. Todo salió bien, todo era perfecto. Hasta las bromas a los plumíferos cuando la gente hizo entrar una gallina gigante pasándola entre la multitud de la popular. Incluso uno más atrevido se subió al techo del Nacional y señalando a norte comenzó a puntear a la gallina ante la risa de la muchedumbre.

Empezaba el partido y nos pusimos adelante con gol de Aldo Olcese, luego Pepe Soto de un potente disparo de penal marcaba el 2-0 que hacía presagiar un baile. La U descontaba y el miedo de que este día perfecto se eche a perder era constante. Hasta que mi viejo soltó una frase…”en el segundo tiempo los mejores goles se verán en sur”.

Cuando te explota el corazón

Llegó ese momento en la vida de una persona que jamás olvidarás, ese momento sublime donde no sabes si aún estás en la tierra o literalmente en el cielo junto a los que más amas. Ese momento llegó cómo centro córner de Olcese y Henry Quinteros convirtió ese momento en el mejor recuerdo que tengo de mi viejo.

La bolea infernal que hizo explotar todo sur me llevó a un clímax total, miraba a mi viejo gritando y abrazándome junto a mi tío con lágrimas en los ojos, ojos llenos de ilusión. Miraba al cielo agradeciendo este momento increíble que me dio la vida, que nada me hará olvidar.

Ganamos 4-2 y ese día siempre estará grabado en mi corazón, no por el rival o por el gol, sino porque mi viejo siempre estará presente en cada partido, en cada gol, cada aliento, simplemente, siempre estará junto a mí como aquel sábado que sentí tocar el cielo con las manos.

Por: Carlos Román Baza.

¡Cabezazo de titán!

Y apareció el titán Affonso, ese que destruye defensas inquebrantables subordinadas por técnicos que de visita defienden con los 11 en su arco. Y apareció acompañando la jugada que se tejía en los pies de un Maximiliano Lemos mejorado, pero aún intermitente, y de un pancho Duclós que solo tuvo que alzar la cabecita para encontrar ahí, de 9, de titán, de goleador, al delantero que tanto esperamos en el club. Por esa paciencia inexplicable, el triunfo se celebra porque ganamos a un goleador de raza.

Ojo, el partido no fue una pera en dulce. Sport Huancayo aprovechó los espacios que dejó la defensa aliancista y en un claro penal mandó a guardar la pelota ante la cólera de Leao, quien había atajado el remate a Neumann. Gol de la visita, y Grioni estaba a punto de una taquicardia. Antes de eso, Alianza no avisaba con peligrosidad el arco de Hermoza.

Entramos dormidos, y Bengoechea tenía el café perfecto, aunque los hinchas prefieran fumar un cigarrillo para matar la ansiedad de meternos en la semifinal. Para el técnico era posible una remontada, y de eso Pablito sabe más que todos nosotros juntos. Mandó a la cancha a 11 aliancistas dispuestos a cambiar la historia así como en el clásico.

Velocidad, centro y gol

El equipo recuperó la agresividad en la marca, Bengo bajó a Hogberg y comenzamos a recuperar más rápido el balón. Trepó Quevedo hasta que se agotó, dándole su lugar a un Andriazén veloz e incisivo en la marca. Y fue así que Cruzado lanza desde mitad de cancha un pase milimétrico para la aparición del nuevo rayo. El lateral se metió entre los centrales y definió bien. Puso el empate y explotó Matute. Así de rápido como el libreto del fútbol moderno manda. Pase al vacío y a cobrar.

Se emparejaron las cosas cuando el hincha más lo pedía, claro. No teníamos más uñas para comernos, la semifinal no se nos podía escapar. No podíamos darnos el lujo de definirlo después. Y mientras pensaba en alguna fatalidad, apareció ese titán uruguayo para abrirse paso conectando el buen centro de Duclós. Apareció Mauricio Affonso para darnos el triunfo que tanto necesitábamos, apareció el titán que ahora se prepara para destruir esa defensa dominó en pleno Misti, y por supuesto, resquebrajar cualquier Cristal que se ponga en frente.

¡ESTAMOS EN SEMIFINALES! Y para ganarla, hay que ponerle huevo y corazón.

Cuando juega el corazón

Nunca imaginé que mi pasión por Alianza Lima me llevaría hasta los 2981 metros de altura. Sí, Ayacucho es jodido hasta para un hincha. Me sentía ahogado, cantaba con la garganta seca y el corazón a mil por hora. Aun así, recuerdo aquella vez, ganamos con un golazo de Cuevita de fuera del área.

Por ello, hoy me sentí en el pellejo de todos los hermanos que viajaron hasta Huamanga, hoy me puse en su lugar en el festejo porque sé lo que siente ir a provincia y traerte puntos que definen un campeonato. Por supuesto que este triunfo es para ellos, porque pasaron 9 horas jodidas de viaje aguantando el frío y esa altura terrible que desgasta. Pero el corazón no se detiene ¿verdad? Así lo demostraron todos, todos.

Ese corazón de hierro nos llevó a adelantarnos en el marcador cuando primero se priorizaba la marca. El titán cambió penal por gol. Por fin la pudimos meter de los 12 pasos, parecía una tortura después de varios penales fallados en este campeonato. Pero no, tranquilos que estaba Affonso para ir tranquilo y meterla a sangre fría.

Y después, sí. Lo que marcamos al principio, nos ahogamos. La altura y el cansancio de los primeros 30’ nos mató. Aguantamos todo el 1er tiempo pero Ayacucho FC también juega, y por algo estaba peleando el Clausura salvado del descenso antes que los plumíferos del frente.

Cuando el corazón te hace fuerte

Dejémonos de sentimentalismos, Alianza no jugaba bien los primeros minutos del complemento, no era la sombra del clásico y mucho menos la muestra de un equipo compacto. Aún sentía la pegada de la altura y el equipo de Viera lo aprovechó. Ardiles centraba como lo hacía en su barrio y así vino el empate. ¿Mala suerte? ¡NO! Error defensivo que nos costó. Pero bueno, el corazón siempre nos da la razón al final.

Con ese empuje desde el pecho de los 11 aliancistas llegó lo que tanto buscabas, lo que tanto esperaban los hermanos viajeros, lo que tanto anhelaba yo sentado en una oficina que para mí se transformó en el Ciudad de Cumaná. Por un momento, me teletransporté a esa tribuna con mis hermanos, vi a Affonso herido de guerra, vi a Neka que se partía el lomo por meter el balón, un Hansell Riojas centrando para que aparezca el 9 Janio Posito: criticado, pero hoy alabado por todos.

¡GOOOOOOOOL CARAJO! Y lo gritamos todos: viajeros, dirigentes, cuerpo técnico, suplentes, utileros, hinchas en Lima, en todo el Perú. Porque así lo manda el corazón porque así lo manda el libreto del campeón.

Clásico y cábala tribunera

Mientras caminaba hacia Matute, recordaba esos tiempos donde mi viejo me decía ”hoy los goles son en svr”. Y equivocado no estaba, porque la cábala siempre daba resultados. Alianza escogía atacar de Sur a Norte y para el segundo tiempo la fiesta se armaba en la popular de toda la vida.

Esta vez fue distinto, me sentía raro al lado de mi cuñado. “Carlos, ¿por qué nos damos la vuelta?”, me preguntó. Solo atiné a decirle que hoy nos tocaba alentar desde la otra tribuna. Él es muy pequeño, pero inteligente para entender la estupidez de gente de Alianza peleándose entre sí. Pero bueno, esa es otra historia.

Llegó la hora de hacer cola e ingresar, sin embargo entrar a esa tribuna ya era algo incómodo para todos. Me sentía un poco visitante en una tribuna donde siempre se acomodaba el rival en los tiempos que mi viejo me llevaba al estadio. Pero ¡qué chucha!, mi barra, mis amigos y todos los que quieren dejar la garganta están aquí.

Salieron los equipos y lo mejor que podía pasar es darle color a la noche con fuegos artificiales, otra vez recordé la época donde los equipos salían separados del túnel (no como ahora dando una imagen hipócrita de amistad) y se prendía una fiesta de pirotecnia y pica pica que motivaba hasta el jugador más pecho frío.

Ya empezado el partido no dejaba de pensar la cábala que esta vez no iba a funcionar. Peor aún después del 0-1 que me dejó perplejo. Pero ya estaba hecho, y para cambiar la historia uno puede hacer lo extraordinario. Así lo hicimos, todos. Un solo puño alentando hasta el final.

Llegado el segundo tiempo me metí en el partido cada segundo, alentando y viendo que Alianza era más, que la U solo atinaba a defenderse como niño con una espada de juguete. ERAN 11 MUERTOS y nosotros con la camiseta empapada le supimos dar vuelta. Con empuje, con garra, con huevos. Eso que Bengoechea nos enseñó desde que llegó. “No importa cómo, solo hay que ganar”. Y a la uruguaya llegaron los goles. Primero Godoy con un puntazo que dejó en ridículo al hijito de mamá de Zubsuck. Tremenda reacción para un equipo que hasta el sábado tenía más dudas que certezas.

Al final, mi viejo tuvo razón.

Empatamos y faltaba menos de 10 minutos. La tribuna seguía de pie, alentando, dejando lo que la garganta permitía después de 80 minutos cantando sin parar. Y no sé cómo, pero mi viejo y sus predicciones volvieron. “En el segundo tiempo vienen los goles a sur” ¡Nicagando, porque estamos en Norte! Pero hasta segundos antes del gol me di cuenta que esa tribuna la convertimos tan nuestra, que oriente me parecía occidente y que Affonso me parecía un gigante haciéndose camino ante hormigas pintadas de crema que no impedían el paso del titán. ¡GOLAAAAAZO!

Nos fuimos abajo, mis lentes se rompieron, a mi cuñado lo besaron en la frente como si fuera la nueva cábala y yo. Sí, yo agradeciéndole más a mi viejo por hacerme hincha de Alianza. Por llevarme a la cancha, y vivir lo que vivo hoy. Un amor desenfrenado por esos colores que son tan parte de mi vida como lo son para ti, lector.

Gracias por leer, prometo volver con otro relato que saldrá, obviamente, del corazón aliancista de este servidor.